martes, 23 de enero de 2018

TALLER DE INTELIGENCIA EMOCIONAL





Compartimos la presentación que hemos llevado a cabo durante el Taller de Padres de alumnos de 2º de Educación Infantil sobre Inteligencia Emocional, titulado "En busca de la Felicidad".


viernes, 19 de enero de 2018

EL ERROR COMO HERRAMIENTA DE ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE



El error es usualmente considerado como algo malo, algo que denota la ineptitud de parte de los alumnos, haciendo que, el hecho de equivocarse sea visto por éstos como un tabú. El error es fundamental para que los niños puedan aprender, ya que se les puede “enseñar” que existen algunas acciones o situaciones impredecibles, de las cuales nadie está exento de que ocurran. Por ello, hoy se hace perentorio cambiar este paradigma, hacia la necesidad de considerar el error como la puerta del aprendizaje.

 El error como herramienta de E-A

Jean Pierre Astolfi, (2000) afirma que “solo dejan de equivocarse los que no hacen nada”. La vida diaria de los seres humanos está llena de errores. Toda persona comete errores, es decir, se equivoca al no hacer lo correcto en las diferentes actividades que realiza. Suele pasar la mayoría de las veces sin darse cuenta de que es un error, por lo que se sigue haciendo hasta que llegan las consecuencias. Sin embargo cada error tiene un aprendizaje.

Es oportuno considerar, el hecho que el alumno se equivoque y que tenga consciencia de ello, porque esto sirve como punto de partida para enfocar el rumbo del proceso escolar. Es más importante enseñar a conciencia, para saber qué aprenden los estudiantes. Además, es tiempo de acabar con el síndrome del marcador rojo, sabiendo que se puede aprender del error, de la misma manera en que la práctica hace al maestro. Pues nadie es perfecto. Así que es tiempo de dejar de lado la idea de que los errores en el proceso de enseñanza y aprendizaje son uno de los mayores problemas que afronta la educación, ya que se puede hacer del error una nueva manera de acceder al conocimiento.

Neus Sanmartí, (2000) en "El error en el proceso de enseñanza", sugiere estimular la expresión del error mediante un clima de aula donde no exista ese sumergimiento al fallo, que toda cultura castiga por haberlo cometido. A cambio, exhorta a brindar la oportunidad a quien aprende, para que pueda participar con libertad, donde sienta que sus ideas son escuchadas, donde pueda desarrollar capacidades, que propendan por la superación de estos obstáculos.

Así queda un gran desafío para la escuela en cuanto a metodología y didáctica se refiere, para utilizar el error que cometen los estudiantes como materia prima del desarrollo del aprendizaje. 

AUTOR: Mario de Jesús González

miércoles, 20 de diciembre de 2017

NIÑOS HIPERREGALADOS, NIÑOS FRUSTRADOS Y SIN ILUSIÓN

¿Cuándo se padece el síndrome del "niño hiperrregalado?

Cumpleaños, días de Navidad y Reyes, son los más propicios para que los niños lo sufran, ya que además de los regalos de los padres, están los de familiares y amigos. En algunos casos, especialmente en los niños que pasan menos tiempo con sus padres, este síndrome puede ser algo habitual, cuando se intenta suplir la falta de atención con regalos, y también cuando se les quiere premiar constantemente y, para ello, se recurre una y otra vez a objetos materiales. 
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"En estas situaciones, el estado de estos niños es peor, pues están ya tan acostumbrados a los regalos materiales, que les llegan en tantas ocasiones y muchas veces sin un motivo concreto, que no son capaces de conectar con la emotividad propia de los días de Reyes o Navidad, e incluso están tan desconcentrados, que no saben ni lo que quieren, ni que pedir", incide la experta.
¿Los padres somos responsables? "Exactamente, tenemos mucha responsabilidad en esto, pues pensamos que llenar el árbol de regalos y que ellos vean gran cantidad de paquetes cuando se despiertan, es la mejor manera de demostrarles nuestro amor", explica la doctora. Según la experta, esto es la consecuencia del sentimiento de culpa que tenemos los padres por no tener el suficiente tiempo para estar con ellos, y pensar que no les prestamos la atención que requieren, por lo que les compramos más, incluso, de lo que ellos piden. "Por otro lado, están los padres, que quieren constantemente demostrar, ya sea ante otros padres o familia, lo pendientes que están de sus hijos, o lo mucho que les quieren y. para ello, les llenan de obsequios. O los padres separados, que entran en competencia por a ver quién regala más y en consecuencia quiere más al niño", argumenta. Pero si nos damos cuenta, el día de Navidad o Reyes no suele ser un día en el que los niños se frustren y se enfaden, por no haber recibido todo lo que han pedido, "sino que simplemente abren lo que tienen y comienzan a disfrutar con ello", continúa.

Consecuencias del síndrome del niño hiperregalado

Las consecuencias de hiperregalar a los niños son muy perjudiciales, ya que se les transmiten unos valores muy negativos, como dar poco o ningún valor a las cosas, o pensar que todo es fácil de conseguir, y que no necesitan esforzarse para obtener lo que desean. "De esta manera, estos niños se vuelven enormemente cómodos y, en consecuencia, tenemos pequeños frustrados y con falta de imaginación e ilusión por las cosas, o consumistas, caprichosos e indecisos, y que solo dan importancia a lo material", sugiere la doctora Navarro. "Además, les enseñamos a crearse necesidades que en realidad no tienen. Estas características les acompañarán cuando sean adultos, y se reflejarán en todas las facetas de su vida", incide.

¿Pautas a seguir?

Lo ideal es recibir como máximo cuatro o cinco regalos, siempre que sea posible.
  • Lo ideal es recibir como máximo cuatro o cinco regalos, siempre que sea posible. Estos deberían consistir en: un libro, siempre; algo útil como un nuevo estuche de pinturas para la escuela; algo necesario como unos nuevos zapatos o algo de ropa y, por supuesto, algún juguete que desee, del que habéis estado hablando al escribir la carta.
  • Si es posible una buena idea es recibir algo para otros niños, ya sea para algún familiar o para algún niño que pueda necesitarlo. Esta es una buena oportunidad para educarles en valores como saber compartir, o la amistad, la solidaridad, la bondad, generosidad, gratitud, empatía y muchas otras capacidades tan positivas, que les acompañarán en su vida adulta.
Consejos prácticos

1.      El mejor consejo es dedicar un rato a escribir la carta a los Reyes para conocer que es lo que más desean y qué les hace ilusión, pero más importante todavía, aprovecharla para estar tiempo con tus hijos, conocerles un poco mejor, cuidar el vínculo de amor que os une y educarles en aspectos tan importantes como la moderación, la solidaridad, la toma de decisiones, o el establecimiento de prioridades.
2.      Enseñarles a razonar, comentarles de antemano que en estas fechas los Reyes o Papá Noel, tienen que atender las peticiones de muchos niños, y es posible que no puedan traer todo lo que desearían.
3.      Háblarles de lo afortunados que son por recibir regalos, pero sobre todo por tener personas que les quieren y les cuidan a su alrededor.
4.      Y si la avalancha de juguetes por parte de familiares y amigos es enorme y no se puede evitar, también puede ir dosificándose la entrega en varios días, para que puedan centrar su atención y disfrutar más de los regalos. Aunque lo mejor, es ponerse de acuerdo con estos para que esta situación no se produzca.

AUTORA: CAROLINA GARCÍA

viernes, 17 de noviembre de 2017

NO DEJE GANAR A SU HIJO, NO LE HARÁ MÁS FELIZ



amp.elmundo.es

A comienzos del siglo XX, la máxima aspiración de los padres era que sus hijos crecieran sanos: a mediados del mismo siglo, la historia se desvió hacia la formación; se querían vástagos listos y con estudios. En nuestra época, la cuestión se centra principalmente en que los chavales sean felices. Un 85% de los padres españoles se confiesa «preocupado por el futuro de la felicidad de sus hijos».
Quien ha disfrutado o padecido, todo según se mire, la paternidad descubre enseguida que por muchos manuales o consejos que se lean o escuchen, la práctica no se adapta muchas veces a la teoría. El concepto de felicidad ha evolucionado como lo ha hecho la sociedad. Y los padres viven un constante proceso de 'actualización' que muchas veces no da tiempo a digerir. Hemos hablado con miembros del Comité de Expertos de Imaginarium para tratar de saber cómo ayudar a los pequeños a alcanzar la felicidad y a enseñarles a que sean conscientes de ella. Una conclusión: "Durante la infancia se forjan los valores para ser felices de adultos".


TIEMPO DE CALIDAD


Ésta es la esencia y se traduce ni más ni menos que en disfrutar con los niños cuando estamos con ellos. "No vale de nada compartir espacio, si los mayores están con el portátil y los niños con la consola", explica Ana Saro, psicóloga clínica. Se da la paradoja de que pese a que casi la totalidad de los padres encuestados entiende que realizar actividades que estimulan el desarrollo social, intelectual o emocional de los pequeños es clave para su felicidad, el 33% admite no hacerlo. El principal motivo: la falta de tiempo. Más del 80% tiene claro que si tuviera un horario laboral más flexible podría dedicar más tiempo de calidad a sus hijos.

Si las circunstancias no facilitan el terreno demasiado, habrá que buscar momentos en el día que compensen esa falta de minutos. "Si llegamos a casa a la hora de cenar, intentemos hacer partícipes a los niños de lo que hacemos", asegura Saro, "si sabemos que les gusta que les leamos un cuento antes de dormir, tratemos de mantener ese hábito". Para el 53% de los encuestados, "sentirse valorados y queridos" es un factor esencial para el bienestar de sus pequeños.

GESTIONAR EMOCIONES



"Sabemos que estamos felices porque lo podemos oponer a otro estado que es el enfado o la frustración", explica Ana Saro. "Al niño conviene hacerle ver cuándo está bien, preguntarle para que identifique esas emociones... Y hay que hacerlo desde que empiezan a jugar, a descubrir el mundo...". El juego y una sociabilización correcta son aliados perfectos para ello. Un 17% de los padres dice estar seguro de que "sus hijos son felices y, además, valoran y agradecen lo que tienen". Sin embargo, casi un 50% admite "creer que son felices, pero es posible que no sepan expresarlo". Cuando se viva una buena experiencia hay que explicársela y hacerle ver que es un momento positivo, de gozo...


DISFRUTAR DEL ESFUERZO


"No deje ganar a su hijo cuando juega al parchís o le echa una carrera, no le hace ningún favor", asegura Inma Marín, experta en juego y educación, quien defiende la importancia de aprender a gestionar la frustración de los pequeños. Y tampoco le hará más feliz. "Las cosas no siempre van a salir como espera y eso, si no se sabe llevar, acaba siendo un problema". La felicidad también hay que ligarla al esfuerzo. "Y esto se trabaja mucho en el juego. También hay una parte de la felicidad donde se trabaja el no". Quizá haya observado que un bebé deja de apreciar un juguete cuando lo controla. "Es porque busca el reto y ahí ya no lo encuentra".


VOLVER AL PASADO


Muchos padres diseñan el presente y el futuro de sus hijos intentando ofrecerles la vida que a ellos les hubiera gustado tener. "Es un error", concluye Saro. "El mundo ha cambiado mucho y conviene preguntar a los niños". Esto se puede aplicar a la hora, por ejemplo, de elegir extraescolares. No le apunte a violín porque usted siempre se quedó con la espinita de no haberlo tocado; quizá su hijo prefiera la flauta travesera o simplemente no le llame la música.



ENTRENAR LA FELICIDAD


"Un niño tiene derecho a estar triste y hay que gestionarlo y trabajar sobre ello", comenta Inma Marín, experta en juego. Casi uno de cada 10 niños españoles no es feliz. "El 9,6% de los padres cree que sus vástagos no lo son, a pesar de las comodidades y facilidades a su alcance". Según se va creciendo, los retos son mayores y la infelicidad aumenta también progresivamente. "El 22% de los niños entre 9 y 12 años (preadolescencia) no son felices", según sus padres. El porcentaje cae al 16,5% entre los 5 y 8 años; al 10,65% entre 3 y 4 años y al 7,9% en los primeros dos años. "Según van creciendo, los desafíos son mayores y el acto de socializar con iguales es parte clave de la vida", añade Saro, psicóloga clínica.


LIDIAR CON LA INMEDIATEZ


Uno de los grandes retos con los que nos ha tocado lidiar es la inmediatez. Ya no nos conformamos con disfrutar del capítulo semanal de la serie de TV que nos gusta; ahora tenemos que ver toda la temporada cuanto antes. «El umbral de la paciencia ha cambiado radicalmente», añade Marín. "Enseñar a gestionar los tiempos y ese deseo constante de quererlo tener todo al instante es importante".


LA IMPORTANCIA DEL JUEGO


«Hacer que los hijos sean felices es gratis: es jugar y pasar tiempo», concluye Leo Farache, del proyecto Gestionando hijos. «El juego es una visión de la vida adulta». Hay tres pilares, según los encuestados, para garantizar la felicidad futura de sus hijos: un ambiente familiar y escolar sano donde el niño se sienta valorado (53%), compartir tiempo juntos (37%) y explorar el mundo a través del juego real (6,20%). ¿Cuándo fue la última vez que se puso a hacer castillos con su hijo en el parque? ¿La última ocasión en la que terminaron un puzzle juntos? «A los adultos muchas veces nos cuesta salir de nuestra zona de confort», reflexiona Marín. Y de vez en cuando conviene hacerlo. Jugar con los padres es la segunda causa de felicidad (37,5%); por delante, sólo hay un plan mejor: hacerlo con los amigos (39,24%).

AUTOR: AMAYA GARCÍA